Primer
ajedrez de Buenos Aires
¿Cuál ha sido nuestro primer juego de ajedrez? Tratemos de contestar
esta pregunta. Lamentablemente no se encuentra existencia de no sólo ningún
juego de época tan remota, ni siquiera ha llegado hasta nuestros días una
pieza de aquellos primeros juegos. Nuestros primeros juegos de ajedrez
debieron ser usados con la llegada misma de los conquistadores, posiblemente
Pedro de Mendoza haya traído alguno, la refundación de Garay no debe haberse
privado de la llegada de algunos otros juegos de ajedrez. Tal vez debamos
esperar que alguna excavación fortuita, o motivada, alguna vez nos permita
tener estos objetos otra vez entre nosotros. Ante esta situación no nos queda
más que la información documental, que ya ha sido más que referida por
nuestros autores.
Viale
Avellaneda se ha preocupado por el tema, en su artículo
“El ajedrez en el nuevo mundo – Su iniciación en la Argentina” nos
brinda algunas señales. “Con la
dominación de España por los moros aparece la introducción del ajedrez en
la Península, llegando a difundirse de una manera asombrosa, y así, cuando
ocurrió el descubrimiento de América, el saber mover las piezas de un
tablero llegó a ser como patente o pasaporte de cultura social para todo el
que al Nuevo Mundo venía investido con cargo de importancia.”
Para ilustrar este aserto nos refiere la historia que el secretario
de la Reina Isabel, Hernando del Pulgar, nos cuenta sobre el decisivo juego de
ajedrez, que derivó en la financiación de tan exitoso viaje.
Sigue
dicho artículo con la referencia a Ricardo Palma. La presencia del libro de
Ruy López, hasta su reemplazo por el libro de Philidor en la Lima de 1845. La
historia del primer arzobispo de Lima, Fray Jerónimo de Loaysa, este devoto
ajedrecista que junto a un oidor, de no haber sido sustituidos, habrían
perdido la campaña contra el revolucionario Hernández Girón. “El
uno a jugar y el otro a dormir...”
No sería la primera vez que el juego desatiende las obligaciones.
Luego
el turno de Atahualpa, el rey inca asesinado el 29 de agosto de 1533, tres años
antes de la llegada de Pedro de Mendoza a nuestra ciudad. Haciéndose eco de
Palma y la tradición popular, vislumbra al inca en prisión jugando ajedrez
con sus captores, y perdiendo la vida por su buen juego que torció el voto de
Riquelme.
Entonces
el ajedrez en Argentina, en este sentido no podemos ir mucho más allá de la
época independentista, y con razón, ya que el autor ha tomado el inicio en
Argentina. La fecha más remota es 1819, el lugar, el Café de los Catalanes,
instalado hasta 1900 y monedas en la esquina de Cangallo (hoy Perón) y San
Martín; los juegos: ajedrez y billar; los jugadores: Bernardino Rivadavia
jugaba con Florencio Varela, haciendo de pato su entendida mujer doña Justa
Cané de Varela, y también el General Paz, el General Lavalle, cuyo ajedrez
fue donado al Museo Histórico Nacional por su hija Doña Dolores Lavalle. Se
refiere un ajedrez y 22 piezas donde están escritos los nombres de los
jugadores antes citados entre otros. Observamos luego que el estilo café dio
paso a “los primeros centros
comerciales, sportivos y sociales”, surgiendo así los clubes. San Martín
44, el Club del Progreso, el Germanía Club, el Club Alemán, San Martín 111,
década de 1850. Drago jugaba a ciegas varias partidas en el club del
Progreso, casado con Delfina Mitre, bien enseñada en el juego por su padre
Bartolomé. Muy reciente información teniendo en cuenta la época que
queremos vislumbrar.
Nuestro
objetivo es hablar del primer juego de ajedrez en Buenos Aires, y como Viale
Avellaneda, trataremos de identificar los juegos, los lugares, las personas y
las fechas. Aportemos así al fundamento de un uso que ha llegado hasta
nuestros días.
El
autor para desentrañar la incógnita es Raúl Molina, el texto, “Los
juegos de “truques” y de “ajedrez” se practicaban en grande escala en
el Buenos Aires de 1600”. A través de pleitos y escrituras el autor
anoticia de la existencia de una mesa de truques, tres pares de bolas, ocho
tacos y seis tableros. La casa en disputa había sido de Simón de Valdez,
Tesorero de la Real Hacienda en la ciudad de La Trinidad, nuestra futura
Buenos Aires. Se ubicaba en la esquina SE de Alsina y Bolivar. En la escritura
de venta decía “en la segunda cuadra
de la traza, lindando con tierras y casas de Da. Luisa de Guzmán, y por la
otra calle, en medio con Juan de Vergara”. Nuestro primer Tesorero actuó
en la segunda década del siglo XVII. “...fue
Simón de Valdez, un inquieto desgraciado tesorero de la Hacienda Real, que
además de robar a su majestad, inicio la primera casa de juego en la ciudad,
que instaló en su casa, con naipes, dados, billar y ajedrez, cuya “coima”
al decir de sus coetáneos, “cobraba con el mayor desenfado””.
Se
mencionan seis tableros que al autor le hacen pensar en el ajedrez y las
damas, ambos juegos muy expandidos para aquellas épocas. Incluso se anota el
mobiliario de aquella sala de juego, asientos de tabla, dos bufetes; los dos o
tres pesos que producía por día, cobrados “así
de mesa como de tablero”, teniendo en cuenta que la mesa le costó a
nuestro Tesorero luego caído en desgracia 2000 pesos. Y un dato interesante,
en la declaración del expediente de Cristóbal González: “...un
testigo vio, no sin asombro, que jugaban dos indios”. Podrían haber
sido los caciques Bagual, Tubichamini, o D. Bartolomé, para la imaginación
del autor, apoyado por el Obispo y el mismo gobernador que aseguraban “...concurrían
a las doctrinas de la ciudad, donde además de aprender música e historia
sagrada, andaban sueltos y se les veía diariamente en la ciudad”.
Sucintamente
dejamos anotado lugar, fecha, cantidad de juegos , dueños y jugadores en
nuestra ciudad. Nuestro autor no termina su artículo sin antes hacer mención
de la destrucción a martillazos de aquella mesa de truques, ese protobillar;
y de una memoria de “...un tablero
muy rico del juego de ajedrez, de damas, y tablas reales...” , legado
por D. Pedro de Rojas y Luna al Gobernador de Buenos Aires Martínez de
Salazar, en 1667. Fecha muy moderna considerando que sucede casi un siglo
después de la segunda fundación de nuestra ajedrezada ciudad.
Veamos
cómo aderezar esta primigenia presencia del juego de ajedrez en nuestra
ciudad.
El
Padre Jesuita Pedro Grenón. En sus “Juegos
Coloniales” nada dice con respecto al ajedrez, sí menciona las bolas de
marfil, que supone pertenecían al juego de billar, y que nosotros ya sabemos
que seguramente el juego era de truques. También anota “un
tablero de tablas con tablas de marfil” . 1606, 1615, 1640, Córdoba; si
bien no se trata de Buenos Aires, observamos la presencia de marfil en los
tableros de tablas, que era el backgammon, y que presumiblemente podía
componer nuestros primeros ajedreces, si es que nuestra ciudad de la Trinidad
en el puerto de Santa María de los Buenos Aires, copiaba a Córdoba sus usos.
No
dejaremos a este inquieto Jesuita sin pasar por las escrituras de no jugar,
que si bien no se referían al ajedrez, por ser este un juego permitido,
revelan algo del carácter de aquellos primigenios jugadores. Bernabé Calderón
el 20 de agosto de 1633 expresa según escritura: “...ha
muchos días que anda juguete así de espíritu como de cuerpo; cuyas
inquietudes le trae el juego por perder el tiempo y la hacienda” , para
luego comprometerse a no jugar por dinero por el lapso de tres años “...a
ningún juego de naipes ni dados; excepto las tablas reales; que este juego
reserva para su entretenimiento” .
Zapata
Gollan, “Juegos y Diversiones Públicas”,
esta vez tratando de desentrañar el pasado lúdico de Santa Fe. Refiere la
primera timba en el Río de La Plata, causa de la pérdida del fuerte de
Sancti Spiritús. El Capitán Gregorio Caro fue el primer jugador empedernido
en estas comarcas. Claro que otra vez era la responsabilidad de los dados o
naipes, que por eso estaban expresamente prohibidos. Incluso Felipe II, que es
el Rey que corresponde a la época de nuestros primeros ajedreces impone
nuevas penas para quien juegue con dados.
Con
respecto al ajedrez, toma la historia documental en España, recuerda aquello
de Lucena y poner al jugador para que lo perjudique la sombra según la luz, y
repite la cercanía del marro de punta, las damas, con la presencia de los
ajedreces. Juego el de las damas que iba con parejo desarrollo para la época.
No olvida la presencia de mesas de truques ni de casas de juegos.
Citemos
otra dimensión que pudo estar presente en aquellos días,
“Dechado de la vida Humana. Moralmente sacado del juego de ajedrez”,
se pasa en este libro de la forma e historia del juego y las piezas al desempeño
que deben tener las partes del reino, de las consideraciones de la pobreza y
la justicia, al sentido de los oficios. Este libro traducido por el Licenciado
Reyna y editado en Salamanca en 1544, repite el estilo de los libros de la época,
en los que se trataba siempre de hacer un paralelismo entre el juego y la
recta manera de ser.
Francisco
Vindel en sus “Solaces Bibliográficos”
piensa que esta obra ha sido inspirada en Jacobo de Cesulis. Entramos así en
el recuerdo de las obras publicadas en los años fundantes de nuestra ciudad.
En 1561 se publica en Alcalá de Henares la obra de Ruy López de Segura,
Francisco Vindel nos aclara: “A este
autor se le juzga como el padre de la teoría del ajedrez, porque razona las
jugadas, cosa que los demás autores no hicieron más que indicar.”
No desprecia los consejos de Lucena, que después de todo hacen al
juego. En los mismos años que nuestro Tesorero en el tiempo libre que le
dejaba el contrabando de esclavos jugaba seguramente ajedrez, entre otros
juegos, Gustavo Seleno traducía al alemán la obra de Ruy López, que se
reeditará en 1616 en Leipzig, y luego en Frankfurt, y luego en Erfurt. Italia
y Francia no esperaron tanto.
De
esta manera queremos verificar que de haber existido el juego, el juego que se
jugaba no debió ser muy distinto al que jugó Ruy López, al menos en sus
reglas.
Rodrigo
Caro, en sus “Días geniales o lúdricos”,
como siempre demostrando todo su conocimiento sobre la historia clásica de
los juegos, trata del juego de damas y ajedrez,
y refiriéndose al ajedrez menciona los dos libros antes citados, y un
comentario de ese libro nos daría un completo compendio de libros de ajedrez
editados en la época, que nos excusamos de citar.
Recuerda
Pedro de Covarrubias que Santo Tomás bautiza los juegos en tres tipos, el
espiritual, el humano y el diabólico; devoto el primero, recreativo el
segundo, el tercero feo. En el cuarto capítulo de la Primera Parte de su
”Remedio de Jugadores”, editado en Salamanca en 1543 trata del juego del
ajedrez, tomándolo como juego humano y licito, “...juego
de genio y de industria provechoso no sólo para huir del tedioso y triste
ocio, mas también para contemplar lo que significa y tomar aviso...” .
Otra vez se repite el usar al ajedrez en sus piezas y movimientos con el
correcto ser de la administración, “...a
la parte del corazón se pone la más conjunta por amor, como leal consejera y
callada secretaria, sobre la común condición de las mujeres.”
Finalmente el tema será poder regir los juegos y las formas de
divertirse.
Fray
Francisco de Alcocer en su “Tratado
del juego”, apunta hacia la misma cuestión. Pelota, bolos, argolla,
ballesta, bolear, ajedrez, jugar cañas, justar, correr, etc. son los juegos
de ciencia e industria humana. Similar al anterior, hasta terminarán rigiendo
que no puede ser apostado un cáliz, ya que de ser perdido habrá que
devolverlo.
Menuda
ciencia la de estos sabios que debían regir cuestiones de apuestas sobre
formas y pasiones de difícil definición.
Antes
de terminar este breve ensayo quisiera compartir con el lector tres últimos
aspectos.
El
primero Zoilo Caputo, “El arte del
estudio de ajedrez”. Recomendable
libro para profundizar los temas ajedrecísticos de nuestra época, lo traigo
a ustedes para pensar los problemas de apostar. Si bien ya para el tiempo que
indagamos habían caído en desuso, yo creo que nuestra ciudad hubiera estado
encantada al reflotarlos, como los buques de arribada cuya decomisada carga
introducían de forma “legal” en la colonia. ¿Si Ruy López seguía los
consejos del sombreado de Lucena, por qué no se irían a seguir los problemas
de apostar? El comentario de Lucena aclarará qué significa un problema de
apostar: “Esto empero entendiendo que
el peón negro viene hacia vos y ha de jugar el rey negro por fuerza y así es
mate. Más no haciendo caso del peón y teniendo vos el negro si el otro toma
el blanco podriedes jugar una casa del peón y no se puede dar mate...”
El
segundo Olaf Holm. En su artículo sobre el Taptana o ajedrez de Atahualpa
pulveriza todas las hipótesis que aseguran que el conquistador jugó ajedrez
con el último inca. Motivos publicitarios de los historiadores de la época
han querido una y otra vez blanquear el asesinato. Demostraban hasta en imágenes
al inca engrillado jugando con el conquistador, sin embargo el juego era un
taptana, del mismo origen ecuatoriano que Atahualpa. Sin embargo nuestro
informe recuerda a dos indios
jugando, tal vez ajedrez, en dicha sala. ¿Quiénes eran?¿Y cumplirá el
ajedrez similar función?
Tres
reducciones existían en la Ciudad de la Trinidad a principios del siglo XVII,
la del río Areco del cacique Bagual; la del río Santiago, a 18 leguas de la
ciudad, del cacique Tubichaminí. Finalmente la del cacique “don” Bartolomé
en Areco. Como dato anecdótico agregamos que la hija de Tubichaminí estaba
casada con Bagual. La considerable relación económica existente entre estos
grupos y la ciudad, y el avanzado desarrollo lúdico de los grupos aborígenes,
nos hace pensar que este testigo vio jugar a estos caciques que eran los
referentes de sus comunidades. No sería así según la seguridad del Obispo y
el Gobernador que podrían estar usando este juego “humano” para demostrar
el buen trato dispendido, como el recibido por Atahualpa. Viene en razón del
alzamiento que aparentemente protagonizó Bagual en 1609 asesinando a cinco
vecinos, demostrando que los excesos de la represalia podían no escatimar en
publicidad, y a veces hasta sin necesidad de causa.
Finalmente
Dimitru Taraoiu, “El Ajedrez en Pos del Sol”. Este autor que tanto nos ha
enseñado sobre los diversos tipos de ajedrez, sobre las biografías de
algunos jugadores, sobre Macedonia, refiere el artículo de Raúl Molina,
también no se le escapa Viale Avellaneda, tributa al no igualado José Perez
Mendoza. Construye así la filiación de intereses y el seguimiento de este
juego en nuestra ciudad.
Como
último detalle nos enteramos que Raúl Molina, el eximio historiador, era un
apasionado jugador de ajedrez, fundador del Club Argentino, contribuyente para
la compra de su sede. Siendo su padre ministro de Hacienda.
Alcocer
Fray Francisco de, “Tratado del
juego”. Salamanca.1558.
Caputo
Zoilo, “El arte del estudio de
ajedrez” , Ediciones Eseuve. Madrid. 1992.
Caro
Rodrigo, “Días geniales o lúdricos”,
Esopasa-Calpe Ed. Madrid.1978
Covarrubias
Pedro de, “Remedio de Jugadores”
, Ed.Juan de Iunta. Salamanca.1543.
Grenón
Pedro, “Juegos Coloniales”. Córdoba.1924
Holm
Olaf, “Taptana o el ajedrez de
Atahualpa:a los 425 años de Cajamarca”, en “Cuadernos
de Historia y Arquelogía”. Guayaquil. Diciembre de 1958
Molina
Raúl, “Los juegos de “truques” y
de “ajedrez” se practicaban en grande escala en el Buenos Aires de
1600”, en Rev.”Historia”.
Buenos Aires. Enero-Marzo de 1956
Reyna
Martín, “Dechado de la vida Humana.
Moralmente sacado del juego de ajedrez”. Salamanca. 1544.
Taraoiu
Dimitru, “El Ajedrez en Pos del
Sol”, en Rev “Ajedrez”. Buenos
Aires. Marzo de 1972.
Torre
Revello José, “La sociedad
colonial” , Ediciones Pannedille. Buenos Aires. 1970
Viale
Avellaneda J., “El ajedrez en el
nuevo mundo – Su iniciación en la Argentina”, en Rev. “El
Ajedrez Americano”.
Vindel
Francisco, “Solaces Bibliográficos”
, INLE Ed. Madrid. 1942.
Zapata
Gollan Agustín, “Juegos y
Diversiones Públicas”. Santa Fe .1973
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